El problema de Uñac es el mismo que el de Fernández: se llama Cristina
Si bien la responsabilidad de la derrota recae sobre la fatigada espalda de Alberto Fernández, un presidente sin poder, sería bueno abrir la perspectiva y mirar el todo para llegar a las partes.
¿Por qué el Gobernador Sergio Uñac perdió 13 puntos en relación a la elección de 2019?
¿Por qué el Frente de Todos perdió en 18 de los 24 distritos que conforman la República Argentina?
Preguntas que son difíciles de responder en un momento tan caliente, donde una elección PASO al rojo vivo acaba de concluir.
Sin embargo, los indicadores muestran un panorama enrarecido. Sergio Uñac no pudo evitar el fenómeno nacional, una ola amarilla que doblegó al justicialismo en casi todo el país. El peronismo sólo pudo sostener 5 provincias, mientras que en el resto de los distritos la derrota fue inevitable.
El voto castigo que recibió el Gobierno de Fernández y Cristina explica los 13 puntos que perdió Uñac en San Juan, cuyos candidatos apenas ganaron por cuatro tantos sobre los postulantes de Marcelo Orrego, esgrimido hoy como el principal opositor en la provincia.
Datos a tener en cuenta
A este precario análisis deberemos sumarle otros elementos: una buena elección de Marcelo Arancibia, quien llegó al 9% de los votos, y un resultado histórico para la Izquierda en San Juan, ya que entre ambas listas sumaron casi un 7%, lo cual deja a Cristian Jurado en posición de seguir dando batalla en las elecciones de noviembre.
La elección que hizo la oposición en Rawson no es casual. Ese distrito es el último bastión del Clan Gioja, que atraviesa ahora el mejor momento de su decadencia. Allí los números quedaron en 44% para el Frente de Todos contra el 35% para Juntos por el Cambio.
Parece que José Luis Gioja jugó en adversidad al frente al que pertenece e hizo dispersar el voto en contra de los candidatos del peronismo.
Otro dato llamativo es la buena elección de Juntos por el Cambio en la Ciudad de San Juan, donde la candidata de Marcelo Orrego obtuvo el 50% contra el 28% del justicialismo. Acá queda puesto de manifiesto el alto consumo por parte de los capitalinos de canales, radios y diarios con gran contenido político. Esto hace que el malestar social contra el kirchnerismo, y sobre todo contra Cristina, se haga ver en el voto. Fenómeno similar se percibió en Rivadavia y Santa Lucía, donde muchos de los votantes comparten una idiosincrasia común.
Números de una elección inesperada en San Juan
Frente de Todos: Walberto Allende y Fabiola Aubone 42,89%
Juntos por el Cambio: Susana Laciar y Enzo Cornejo 38,25%
Consenso Ischigualasto: Marcelo Arancibia y Susana Ocampo 8,99%
Frente de Izquierda Unidad: Cristian Jurado y Mary Garrido 6,89%
Frente de Izquierda Unidad: Nicolás Méndez y Gloria Cimino (suma a la lista de Cristian Jurado) 0%
Voto en Blanco 2,87%
Argentina pendular
La tendencia nacional fue inequívoca. La ciudadanía se expresó rechazando a un Gobierno que ya había sido echado en 2015. Bajo el slogan vacío: «Volvimos mejores», el kirchnerismo regresó al poder no porque la gente los extrañara, sino porque Euforia Macri demostró falta de preparación e ineptitud para enfrentar los problemas por los que había sido elegido presidente.
El 14 de noviembre los argentinos deberán elegir a 127 de los 257 diputados nacionales del Congreso. Y además se renovarán 24 de los 72 senadores.
El domingo negro para el peronismo sólo tuvo cinco excepciones donde el PJ no perdió y salvó las papas. Se trata de las listas de Juan Manzur, Sergio Uñac, Raúl Jalil, Gildo Insfrán y Ricardo Quintela, quienes lograron sortear la ola opositora amarilla y ganaron en Tucumán, San Juan, Catamarca, Formosa y La Rioja. La duda es si en las elecciones del 14 de noviembre podrán seguir sosteniendo sus distritos.
En ese esquema, Cristina la Muchacha Progre tiró tanto de la cuerda que hizo tambalear al Tío Beto. Era imposible sostener un Gobierno que en 2 años erró en todo: inflación, desempleo, caída del poder adquisitivo, incremento del déficit fiscal, endeudamiento con el exterior, emisión monetaria, aumento de la pobreza y falta de reacción para poner en marcha la economía. Esa suma hizo eclosión y terminó por detonarle a varios gobernadores en la cara.
De nada sirvieron algunas administraciones prolijas o responsables en diferentes distritos, la ola amarilla no fue en favor de Macri ni en apoyo a Rodríguez Larreta, fue en contra de un kirchnerismo que no terminó nunca de irse.
Argentina es pendular desde hace décadas: vota de un extremo al otro sin encontrar un destino de equilibrio y prosperidad. Una pena, porque nos merecemos algo mejor a esta existencia penosa que padecemos.
La bofetada fue brutal. Y lo peor es que el Tío Beto no tiene reflejos como para pegar un giro y sacar al país de la crisis. Por el contrario, es un porteño confundido que no conoce Argentina. Se encontró con la presidencia, quiso ser Messi pero terminó siendo un jugador chambón a quien el arco le resultó esquivo.
El inconveniente no es Alberto Fernández, el problema es Cristina, que lo puso a jugar en primera y no estaba ni para un partidito en un club de barrio.
Así nos va.